En primer lugar vamos a referirnos con el término “lucha
biológica” al uso de organismos vivos o su comportamiento natural para impedir
o reducir los daños causados por las plagas a los cultivos. Y en referencia a
esto último es importante destacar que el objetivo de la lucha contra plagas
desde el punto de vista ecológico adquiere un nuevo matiz. En ningún caso
buscaríamos esa “antisepsia” del cultivo como podría darse en plaguicidas
artificiales, sino que el objetivo será
mantener las poblaciones que ocasionen daños a un nivel en el que el
rendimiento del cultivo no se vea gravemente afectado.
Esta diferencia tiene una explicación: En cuanto a la distribución en el ecosistema (agrosistema
en este caso puesto que nos referimos a ecología en el sistema agrario) de las
diversas comunidades que forman parte de él, siempre que hubiese un nicho
ecológico (funciones de una determinada especie dentro de un ecosistema, cadena
trófica, etc) desocupado, otra especie lo ocuparía inmediatamente pudiendo
provocar grandes desequilibrios dentro del mismo.
O dicho de otra manera, eliminar toda fauna sobre nuestro
cultivo con compuestos químicos dejará un lugar dentro del agrosistema que
podría ser ocupado por otra especie mucho más dañina, además de aumentar los
costes y la energía por unidad de producción.
Por todo ello hace unos años surgió la posibilidad de la
lucha biológica.
Es destacable que actualmente está mucho más desarrollada en
cultivos hortícolas, especialmente en invernadero donde han tenido mucho éxito,
debido a las condiciones más favorables para la actuación y mantenimiento de la
fauna polífaga (se alimenta de varios cultivos). En este ámbito de horticultura
intensiva en invernadero se hace necesaria la inoculación frecuente de la fauna
auxiliar (la que nos va a ayudar a controlar las plagas) para prevenir la
incidencia de daños por parte de la fauna autóctona dañina.
En nuestro país, la región de Murcia es pionera en esta
nueva forma de “agricultura limpia”, intensificando desde hace unos años la
suelta de fauna beneficiosa.
En cuanto a las instalaciones, deben planificarse de una manera
ligeramente distinta, evitando eliminar extremos de temperaturas y humedad que
pueden causar daños a la fauna auxiliar a introducir.
En el cultivo al aire libre se complica mucho el uso de fauna auxiliar, pero si tenemos en cuenta
lo anteriormente expuesto podemos hacer un uso responsable de los
agroquímicos. Así nuestro objetivo con
la aplicación no debe ser la erradicación sino el control, podemos usar
fitosanitarios no intrusivos con la fauna autóctona, dejar zonas con vegetación
propia de la zona y que puedan desempeñar la función de reservorio de especies
en nuestro agrosistema.
Además en plagas como por ejemplo los trips o el minador,
que terminan su ciclo en el suelo, el uso de plaguicidas es bastante poco
eficaz, así como las desinfecciones. Además los insectos procedentes de
cultivos anteriores podrían crear resistencias.
(imagen de: ecoterrazas.com)
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